Llamemos las cosas por su nombre: Legalización de la Marihuana con urgencia

La legalización de la marihuana recreativa en los últimos meses ha sido un tema bastante importante en la agenda pública del país. De ahí que, el presente artículo busca presentar algunas consideraciones frente a la inminente necesidad de la legalización del consumo recreativo de una forma detenida y poniendo todas las cartas sobre la mesa en  términos de: consumo recreativo, oportunidad económica, entre otros.



Sebastián Sanabria
19.10.20

En la historia reciente uno de los flagelos más grandes de nuestro país ha sido la lucha contra las drogas desde el narcotráfico con los diferentes carteles hasta la contienda política para reformar la Constitución con la finalidad de la legalización de la marihuana. Este tema ha rondado por varios años en la agenda del Congreso de la República, especialmente en un tiempo reciente que vuelve a revivir las contiendas políticas entre el conservadurismo y las libertades del individuo, junto con muchos tabúes frente a la legalización de la marihuana recreativa. Todo esto en medio de una sociedad que pide a gritos el reconocimiento de las libertades individuales para reducir el paternalismo del Estado colombiano. 

Este flagelo durante mucho tiempo se ha estado combatiendo en los ámbitos de seguridad y defensa, por medio de diversas políticas: aspersión con glifosato, combate contra organizaciones ilícitas, erradicaciones manuales, entre otras estrategias desarrolladas por la Fuerza Pública; lo anterior, con la finalidad de la reducción de los cultivos ilícitos. No obstante, a pesar de los inmensos esfuerzos en materia, la realidad es la siguiente: Colombia es el producto número uno de drogas en el mundo según Naciones Unidas (UN). En este orden, es importante reconocer que las políticas han generado algunos efectos, pero ante el inminente mercado mundial  y el crecimiento de este producto es necesario llamar las cosas por su nombre e innovar en materia de regulación del consumo recreativo, ya que las mafias no van por el producto, sino por el mercado.

Es de vital importancia reconocer y dejar de un lado el supuesto que una regulación del consumo recreativo de marihuana va generar que “las ciudades se llenen de marihuana”. Tampoco es un incentivo para que la sociedad como un todo consuma, sino una política pública con énfasis en la salud pública que permita una mejora para la sociedad en general. Por consiguiente, llamemos las cosas por su nombre la marihuana no es tan nociva comparada con otras sustancias que sí son legales, como el alcohol que es diez veces más peligroso o el tabaco que según la Organización Mundial de la Salud (OMS) mata hasta a la mitad de las personas que lo consumen. 

De modo similar, según la DEA un 68 % de los consumidores de tabaco y 23% de quienes beben alcohol eventualmente desarrollan una dependencia, comparados con solo 9% de quienes fuman marihuana. De ahí que, si el problema fuera el producto se debería tildar de ilegal el alcohol o el tabaco que es mucho más nocivo para la salud de cada uno de los individuos. Lo que lleva a pensar que existe un sesgo social bastante pronunciado frente a la marihuana. Por otro lado, al considerar los efectos superiores del alcohol o el tabaco sobre la marihuana en la salud del individuo: ¿Es hipócrita consumir alcohol o tabaco y después restringir la legalización de la marihuana recreativa? ¡ Sin lugar a duda, lo es ! Una vez más, llegamos al punto que el problema no es el producto.

En este orden, debemos reconocer que en la actualidad en Colombia existe un consumo de la marihuana que es bastante pronunciado. A pesar de tener la figura de ilegal, según  la Encuesta Nacional de Sustancias la marihuana continúa siendo la sustancia ilícita de mayor consumo en Colombia, por lo que urge reconocer la inminente necesidad de la protección de los consumidores por parte del Estado. Más aún cuando la Corte Constitucional ha sido enfática que implica el reconocimiento de los derechos fundamentales a la igualdad y al libre desarrollo de la personalidad, de acuerdo las diversas sentencias emitidas por el tribunal. En tercer lugar, con esto se busca que quien consuma marihuana pueda ir a adquirirla a sitios previamente regulados para ello y que no ocurra como sucede hoy en día cuando estos consumidores deben ir a expendios ilegales, es decir, financian indirectamente la ilegalidad.

Un supuesto que ha resonado con mucha fuerza por parte de un amplio sector de la sociedad: “¿ cómo vamos a proteger a nuestros niños, en qué lugares va a estar permitido el uso de la cannabis recreativa? ”. Sin lugar a duda, un tema bastante relevante en esta discusión ya que los infantes son sujetos de especial protección en la sociedad. Por lo tanto, es inminente la necesidad de regular el actual consumo de marihuana recreativa en las calles, debido a que sin una vigilancia por parte del Estado hay una mayor posibilidad del acceso de los infantes a la marihuana, especialmente, en entornos vulnerables según estudios. Por lo que, es necesario establecer y poner un límite definitivo para realmente proteger a nuestros infantes. Para ejemplificar, para consumir alcohol se establece la edad de 18 años entendido como una edad donde el individuo está en la capacidad para desarrollar en su máximo potencial su autonomía. De ahí que, se debe realizar lo mismo con la marihuana.

Ahora bien, el aspecto económico: ¿Qué implicaría una posible legalización del consumo recreativo? Ante una inminente crisis económica proveniente del Covid-19 en Colombia que ha afectado radicalmente de una u otra manera el recaudo del gobierno, hay que empezar a buscar soluciones prontas y rápidas para superar la crisis. Entre estas se encuentran considerar el mercado de la marihuana como “el petróleo verde”, si examinamos la evidencia frente a este tema Fedesarrollo nos exhorta en una estudio micro realizado en el 2019 que con 56 hectáreas cultivadas de cannabis se habrían generado más de 950 empleos y de US$99 millones en ingresos. De igual manera, según la misma organización el mercado del cannabis podría crecer a nivel global de unos US$12.000 millones en 2019 a los US$55.800 en el 2025, e incluso podría generar más empleos y crecimiento para el agro colombiano que el banano y las flores. Tanto así, que se estipula ingresos por exportaciones entre 3 y 4 billones de pesos, sin lugar a duda una ventana de oportunidad inmensa en medio de la crisis.

En cuanto a la regulación donde el consumidor conozca los riesgos, el lugar donde es permitido el consumo, la cantidad que se puede consumir y las personas que tiene acceso a la marihuana. Esto bajo un marco de política de salud pública que expone claramente los riesgos de consumo, así mismo, un entorno seguro de consumo, es decir, coffe shops como en el caso de Amsterdam. Para ejemplificar, al momento de elegir una bebida alcohólica usted elige el nivel de alcohol que quiere ingerir, desde una cerveza con un índice bastante reducido hasta un whisky con amplia cantidad, en palabras coloquiales: “usted verá”. Lo anterior, genera una protección para los consumidores y una disminución de los riesgos, no deberíamos hacer lo mismo con la marihuana recreativa obedeciendo al principio del libre desarrollo de la personalidad.

En otras palabras: “Hoy lo regula la criminalidad. Si lo hacemos estaríamos controlando dónde, cómo, quién y qué produce, comercializa y consume. Necesitamos una nueva forma de abordar la guerra contra las drogas y fomentar la competitividad del país”

Finalmente, la legalización de la marihuana recreativa abre una ventana de oportunidad sin precedentes en la historia de colombia en ámbitos tales como la autonomía de los individuos, economía y quitarle el poder acumulado de las mafias frente a la marihuana. En este orden, no es una promoción o un incentivo directo para los colombianos consuman, sino una alternativa de política pública orientada hacia la regulación, legalidad y vigilancia por medio de un enfoque de salud y prevención. Lo anterior, para no continuar en el ciclo vicioso de la ilegalidad donde los ilegales se llevan la mejor parte del botín.


  • Editor: Anthony Lugo
  • Imágenes: José Fernando Villota
  • Edición Web: Daniela Mariette Romero Parra

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